lunes, 9 de junio de 2008

en algún lugar de Viena

Hace calor, mucho calor. Y el viento frío me golpea en la cara.
Philarmonikestraβe… montones de cartones, gomaespuma y basura asoman por las ventanas del edificio de la filarmónica, donde los niños castrados entonan gritos de esperanza.
Siento caer, el desvanecimiento del imperio astro- húngaro sobre el asfalto de infierno.
Tropas de ángeles dorados entonan la muerte de una linda y desflorada princesa.
Las palomas fornican con la justicia de los pobres olvidados a las puestas de la tristeza que entonan un grito mudo sobre sus manos hacia el cielo.
Quizás nunca pueda recuperar los segundos de minutos de vida que vomité junto con aquellos vacíos escombros de gomaespuma.
Caí, lloré con ellos, unidos al mismo deseo, escapando de la obligación de la proclamación del poder, con vertidos en basura, obligados a convivir con aquellas inmensas moles neoclásicas poderosas y plastificadas.

Plastifícate o vomita.
Siempre seré una parte de masa marrón suicidada por la ventana.

Seguimos divagando… a la 1.35

martes, 1 de abril de 2008

EL AMOR

--

Y ahí estaba yo, de pie, frente a ella, mirándola como si fuera la primera vez.

Sus ojos se abrazaron a los míos casi con furia, como si no quisieran separarse nunca más. Respiraba entrecortadamente a causa de la emoción, y su pecho ascendía y descendía arrítmicamente, intentando a duras penas enjaular su excitación. El aire que nos separaba era un intruso entre nuestros cuerpos, que deseaban encontrarse como las flores desean la lluvia. Al mirar sus manos temblorosas comprendí, como si me hablaran, que sus dedos soñaban con clavarse en mi piel, que sus labios ardían por devorar los míos con frenética desesperación. Nos dijimos mil palabras en dos segundos de silencio, y nos ensordecía el sonido de nuestros propios corazones al llamarse. Sin desplazarnos del sitio, a dos metros de distancia, nos desnudamos el uno al otro y nos amamos como en los libros de poesía. Sin mover ni un solo músculo, confundimos nuestros cuerpos en una vorágine salvaje. El salado rocío de sus ojos brilló un instante al amanecer su mirada, en lo alto de su mejilla, antes de besar el suelo.

Disparó, y todo se volvió...

... negro.

--

viernes, 28 de marzo de 2008

Despertares

Miguel despierta y, como cada mañana, desearía seguir dormido, siempre dormido.. sale a la calle pronto y la bruma y el rocío le humedecen sus secos labios.. Se sienta un momento en un banco de parque y escribe: Ayer te rasqué la espalda, como cada día, toqué tus orejas y te leí el trozo de Proust de las magdalenas, pensando en que quizá éstas fueran a introducirse en tus sueños como uno de nuestros desayunos de zumo, galletas y risas entre las sábanas… luego me quedé dormido en el viejo sillón de madera, que ya lo siento como mío.. al caer la noche volví a casa, como siempre, deseando soñar y conectar en mis sueños con los tuyos y, así, vernos vivos aunque sea en sueños, tu en los tuyos, yo en los míos…
María despertó, cinco meses después… en un viejo sillón de madera estaba Miguel, que se había quedado dormido.. a duras penas pudo levantarse, se acercó y le susurró al oido, despierta…

jueves, 6 de marzo de 2008

Maná

La moneda cayó en la caja de cartón con un ruido metálico ahogado por el tráfico. Sus labios secos por el frío se movieron entonando un agradecimiento mudo.

Cuando se encontró sólo de nuevo, sacó del bolsillo sus ganancias del día. Añadió la nueva moneda, contó mentalmente y volvió a guardarse el montón de calderilla.

Sólo le quedaba seguir esperando.

lunes, 3 de marzo de 2008

El sauce...

Los rayos de luz buscaban desesperadamente un lugar en el que posarse cuando me encontraron a mi, sentado en el banco del parque, con las manos cubriéndome la cabeza y los pies pisándome el alma.. ¿cómo he llegado hasta aquí?.. ¿en qué momento se quebró todo y me vacié?.. Al calor de los primeros rayos levanté la mirada y ahí seguía, erguido, el viejo sauce del parque.. Cuántas habras visto ya de éstas... cuántas de felicidad desbordante, descontrolada, cuántas de tristeza gélida y solitaria.. caminé hacia él y acaricié el tronco con mis temblorosas manos.. me apoyé contra él y así, abrazado al sauce, teñido por las sombras de sus hojas, arranqué un calor que creía olvidado..